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La economía circular y los municipios

La economía circular y los municipios

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Cada vez está más presente en la agenda pública el concepto de economía circular. Ocupa parte en los medios de comunicación, la empresa innova y la ciudadanía se organiza. En la agenda de futuro se la trata poco; en la política, casi nada, y en la municipal, está lejos de ser relevante.

Jaime A. Belmar
Asociación Chilena de Municipalidades

Para una defi nición de economía circular, digámoslo en simple: de la idea de una economía lineal, de usar y botar (con diferentes variaciones, es cierto), hoy las exigencias medioambientales, económicas y sociales, nos imponen defender la implementación y profundización de un modelo de economía que comprenda el convertir aquello que eliminamos, en nuevos (e insospechados) recursos, en generar nuevas materias primas, en valorizar aquello que tiramos a la basura. En darle a los productos una “segunda vida”, versión moderna, de aquello que las primeras municipalidades recicladoras ya hablaban de “la basura que no es basura”. La economía circular deviene en la nueva manera de entendernos y relacionarnos con el planeta. Municipios europeos, en su Declaración de Sevilla (2017), ya señalaron el compromiso de las ciudades: “Promover el desarrollo urbano sostenible; impulsar ciudades por una economía circular; resaltar el papel que tienen los gobiernos locales en las acciones de fomento y desarrollo de una economía circular, por ser la administración más próxima para prevenir los impactos ambientales; desarrollar estrategias que favorezcan el vertido cero, el reciclaje, la reducción de los desperdicios alimentarios, el fomento del ecodiseño, la reutilización y el fomento de la compra de productos verdes…”. En nuestro país estamos lejos de esto. Sin embargo, no es tarde para poner el relieve necesario.

Que los residuos deben reducirse al mínimo, que deben ser recursos, que las ciudad y la comuna “tiene arte y parte”, también es tarea del mundo local.

Es cierto, cada día aparecen más iniciativas medioambientales por parte de las municipalidades (la nueva legislación de prohibición del uso de bolsas plásticas surgió primero como iniciativa de algunos municipios que las eliminaron del comercio). Que se han creado asociaciones especializadas en los temas de sustentabilidad ambiental, de manejo o gestión sustentable de residuos. Que la Asociación Chilena de Municipalidades (AChM) cuenta con una activa comisión técnica adhoc, desarrollando varios seminarios de capacitación sobre el tema, o que está participando activamente en lo que ha sido la creación e implementación de la nueva Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (ley REP).

Pero todavía nos falta: reconocer el rol de la autoridad municipal, implementar medidas para ayudar a consumir mejor, fortalecer la idea de reducir, reutilizar y reciclar, mejorar la información ciudadana, gestionar mejor los residuos, aumentar los porcentajes –aún bajos– de reciclaje, facilitar y promover la separación de residuos domiciliarios en origen, potenciar las alianzas e innovaciones público/privadas, dar mayor protagonismo a la comunidad.

Las políticas públicas no solo dependen de la autoridad, la norma o la voluntad. Funcionan también en el mundo de la educación y la cultura. Allí el municipio tiene un rol destacado.

Y lo más importante: falta revisar normas, políticas y modelos que están sobrepasados; resolver con la autoridad central los serios problemas de fi nanciamiento de la recolección y disposición fi nal de los residuos domiciliarios. Sin la compresión y voluntad política, sin el apoyo económico para el desarrollo de políticas locales en favor de una economía circular, poco o nada se podrá hacer para favorecer el desarrollo de las necesarias estrategias locales en todo el territorio nacional, de manera de facilitar que el residuo deje de serlo.

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