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¿Fragilidad?

¿Fragilidad?

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Desde la Segunda Guerra mundial que la humanidad no enfrentaba un desafío global como la pandemia del Coronavirus. De forma inesperada y rápida hemos debido adaptarnos a un nuevo contexto el cual, con fuerte incertidumbre, pero con seguridad, supondrá cambios profundos en nuestro sistema de vida.

Nuestras instituciones políticas, nacionales e internacionales, han debido liderar este proceso. De su desempeño depende el resultado que traerá esta crisis. Hasta el momento, más allá de ciertas vacilaciones iniciales y, de la opacidad que muestran los gobiernos totalitarios que lamentablemente todavía existen, nuestras instituciones democráticas han resistido con solidez esta emergencia global.

La mayor parte de los gobiernos han actuado con prontitud, dejando de lado cualquier otro objetivo que no sea la lucha contra este flagelo.

En nuestras democracias, las restricciones a las libertades, indispensables en estos momentos, han contado con el respaldo popular y, por regla general, los poderes del Estado han conservado su operatividad e independencia mientras los medios de comunicación se han mantenido libres asegurando el control social sobre el poder.

Los gobiernos subnacionales, han confirmado ser un canal cercano y confiable para la gente, levantando sus opiniones y demandas. Además, en las experiencias más exitosas, han sido eficaces colaboradores para enfrentar la pandemia y, junto con ello, asegurar el funcionamiento de los sistemas vitales de nuestra sociedad.

La política, resquebrajada y en ocasiones abúlica, demasiado encerrada en sí misma y desacreditada en muchos países, en general ha reaccionado con responsabilidad, entendiendo que debe conducir y no solo seguir, que debe abandonar la contienda gobierno-oposición, construyendo alternativas de unidad nacional, para lo cual es imprescindible la generosidad de unos y otros, manteniendo  y cuidando la transparencia, pero también la reputación de actores e instituciones para acrecentar la confianza ciudadana la cual es, a su vez, requisito para la disciplina social.

Nuestra sociedad, las grandes masas de ciudadanos, más allá de su condición y su origen, han demostrado la fuerza colectiva de nuestro espíritu gregario, millones han debido alterar sus vidas a niveles inimaginables hace pocos meses y lo han hecho con disciplina y generosidad. Todos los días, observamos miles de ejemplos de entrega, compañerismo e inclusive, heroísmo, que nos alientan y enorgullecen a todos.

Desde luego existen, siempre los hay, quienes intentan sacar ventaja. Los que se aprovechan de las circunstancias, el político que piensa solo en su beneficio y el empresario que solo piensa en su tajada, el ciudadano irresponsable que se pone por sobre otros o que cree que las reglas no son para él. Los hay por miles, ciertamente. Pero la gran mayoría no es así, no está actuando de esa forma.

La buena noticia es que la humanidad se está comportando a la altura de lo que ocurre. Más allá de la muerte y el terror, parece que comprendemos que nuestra fragilidad ante la naturaleza no es contradictoria con nuestra fortaleza como especie, que nuestros millones de años de evolución nos han dotado de capacidades y recursos que sabemos utilizar cuando es necesario y que hoy, como pocas veces en nuestra historia, estamos unidos y luchando por una misma causa.

Gustavo Paulsen

Director